29 enero, 2012

Osvaldo Soriano: a quince años de la muerte del escritor elogiado y discutido por igual

Un escritor al que no le interesaba la literatura -como solía decir-, que aprendió de su vida nómade siguiendo a su padre electrotécnico por las distintas ciudades del interior. Fue él, que nació un día de Reyes de 1943 en la calle Alem de Mar del Plata, mientras Borges y Bioy Casares imaginaban las historias de Isidro Parodi, que nunca terminó el secundario, que no cumplió el sueño de sus padres de ser ingeniero ni el suyo de ser futbolista. Soriano, el escritor, el periodista, el cinéfilo, el fanático, “El Gordo”, que creció entre los paisajes y amistades que podían ofrecerle Mar del Plata, luego Tandil, San Luis, Río Cuarto, Río Negro, jugando a las barajas, refugiándose en el cine y el fútbol. Se hizo de San Lorenzo, sin importar lo que eso significaba en una provincia, sin nunca pensar en otra camiseta. Quizás ya entonces se gestaban los gérmenes de esa intensa provocación que caracterizaría siempre a Osvaldo Soriano.

Ya pasaron 15 años. Soriano no está. Pero no deja de estar presente. Ni él, ni el periodista de Triste, solitario y final, ni su Andrés Galván y Tony Rocha, ni su Julio Carré, ni sus artistas, locos y criminales, ni sus rebeldes, soñadores y fugitivos, ni sus piratas, fantasmas y dinosaurios. No deja de estar, pese a los críticos y académicos que desdeñaron sus historias y su estilo.

Le gustaban los libros. Amaba a Arlt, a Cortázar y a Chandler. También a Simenon y a Greene, cuyas muertes, dijo, “lloró como un chico”. Su iniciación a la lectura fue con Soy leyenda, de Richard Matheson, en 1961. Y luego siguió: los clásicos del siglo XIX, los rioplatenses, los americanos, los clásicos de nuevo, implantando una lectura de orden caótico que lo seguiría toda su vida.

Así como empezó a leer, también empezó a escribir, en la oficinita de una metalúrgica de Tandil, mientras trabajaba de sereno. Se sentaba en la máquina y tipeaba hasta el amanecer sus “primeros cuentitos, muy cortazarianos”. Y nunca más pudo escribir de día. Ya en Tandil, entre reuniones de café de intelectuales socialistas, dejó de pensar en fútbol y decidió ser escritor. Ahí consiguió su primer trabajo como periodista en El Eco de Tandil. Y arrancó: llegó a Buenos Aires en 1969 detrás de una nota sobre Semana Santa encargada por Osiris Troiani, para después seguir con sus crónicas en Panorama y La Opinión, luego durante su exilio en medios europeos como Il Manifiesto y Le Canard Echainé, y en su retorno al país, en Página/12. Las vueltas de la vida: ya como periodista, volvió a recorrer las ciudades y pueblos del interior que había recorrido durante su infancia.

Fue en 1973 cuando irrumpió en la literatura con Triste, solitario y final. Apenas ocurrido el golpe de estado de 1976 se fue a Bélgica y de ahí a París, donde vivió hasta 1983, cuando regresó al país. “Las únicas dos veces que elegí realmente dónde vivir fueron la primera vez que llegué a Buenos Aires y cuando volví del exilio”, dijo alguna vez. Cuando salió de Buenos Aires nadie lo perseguía. Pero “era mejor estar equivocado con la dictadura que tener razón obedeciéndola”. Viajó y se quedó defendiendo a los exiliados y denunciando la desaparición de personas, que siguió acá, orgulloso, hasta sus últimos días, como cuando escribió para la conmemoración de los veinte años de la dictadura: “Fui, con las Madres de Plaza de Mayo, con Cortázar, Osvaldo Bayer, David Viñas, con miles de otros mejores que yo, uno más de lo que los militares llamaban ‘campaña antiargentina’”.

26 enero, 2012

Hace 90 años. Osvaldo Bayer

A noventa años de los fusilamientos de peones rurales en la Patagonia. Muerte injusta en el paraíso. Allí, cerca de uno de los paisajes más hermosos del mundo, esos pobres trabajadores de la tierra que pedían tan poco fueron asesinados por el Ejército Argentino, por orden del teniente coronel Héctor Benigno Varela, jefe del 10 de Caballería, por el bando de pena de muerte otorgado por el presidente Hipólito Yrigoyen, en 1921.

Estamos frente a la tumba masiva en la estancia La Anita, en Santa Cruz. A doscientos metros de ella, la construcción muy humilde que los recuerda. Allí realizamos el acto, como todos los años en esta fecha. El 8 de diciembre. Hubo música de guitarra gaucha, la voz de un cantor del pueblo y las voces emocionadas de varios oradores. Expresamos nuestro dolor ante un crimen oficial tan injusto, cruel y siempre impune. Jamás sus autores fueron juzgados. El fusilador teniente coronel Varela, sí, fue muerto por la ira del pueblo, en manos del anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens, que hizo volar por el aire al orgulloso militar argentino.

20 enero, 2012

Carta a Rodolfo Walsh. Osvaldo Bayer


Pese a que nací el mismo año que Rodolfo Walsh, siempre lo consideré un maestro. Pese a su asesinato por los sicarios de Massera, Rodolfo sigue hoy más vivo que nunca a través de sus escritos y su ejemplo. Por eso, en el aniversario de su muerte le escribí una carta sabiendo de antemano que me va a responder desde sus libros, cada vez que yo los vuelva a releer. Esta fue mi carta:

"Querido Rodolfo:

Tu carta a la Junta Militar lo previó todo, denunció todo, dijo todo. La escribiste aquí, en tierra y de frente. Basta comparar tus límpidas, escuetas verdades, con el último decreto de los militares que decretó la autoamnistía de los generales en huida, el firmado por aquel Bignone, el único oficial de la historia que entregó a sus propios soldados para que los asesinaran. Vos, con la palabra allí, de frente, sin moverte. Los generales con sus picanas, sus pentonavales, sus capuchas, que ya pensaban en la fuga. Desde el momento en que cerraste el sobre con tu misiva ya comenzaba la derrota del plomo. Tu palabra y tu ética, Rodolfo. Por eso tu nombre ya está en una esquina porteña. Tan pronto, contigo, la Historia hizo su selección. Vos el 'terrorista', listo a la discusión otra vez. Los occidentales y cristianos Videla, Massera y toda su cohorte de amanuenses ya en el techo de la basura de la historia, por los siglos de los siglos. Vos, sin títulos, sin premios. Es que marcaste a fuego, sin proponértelo, al resto de los intelectuales argentinos. Los hubo quienes se sentaron a la diestra del dictador a la mesa servida del triunfo de la picana y hubo otros que no oyeron ni vieron ni hablaron cuando los balazos te fueron llevando la vida. Habrás sonreído cuando leíste la nómina de intelectuales que ahora adhieren a tu recuerdo. Los que te negaron al tercer canto del gallo hoy se apresuran a aplaudirte. ¿Y que dirán aquellos científicos de las letras, faraones y mandarines de cátedras e institutos que te calificaron esteta de la muerte? Hoy se apresuran a poner tus libros en las vitrinas oficiales. Pero nunca le diste importancia a esas cosas. Con tu máquina de escribir te metiste en los intestinos del pueblo, en el dolor y la humillación de la pobrería, de los azuzados. Mientras otros se dedicaban a cuchilleros o hacían romanticismo con antiguos generales fusiladores, vos -decepcionando a los críticos literarios consagrados- te metías en la actualidad: ¡oh pecado!, y todas sus mafias. Algo imperdonable para el olimpo y los repartidores de prebendas. Pero ni reparabas en esto. Trascendías a todas las sectas de café y de cátedra. Estabas en la calle con los perros y los piojos, los jóvenes y los ilusos, eras el Agustín Tosco de las redacciones. Agustín Tosco ¿te acuerdas de ese muchachón en overol que hablaba de cosas como justicia e igualdad, dignidad y deber? Palabras que no figuran más: hoy todos nos empujamos por aparecer en tapa. Te tomaste en serio la palabra. Exageraste en eso de la verdad. Además siempre creíste que había llegado el momento de descifrar ya los jeroglíficos y las claves. Dedicabas tu tiempo a eso mientras los otros trepaban, trepaban. En una sociedad maestra del trepar soñabas con implantar normas que permitieran un país donde todos tuvieran una canilla con agua y maceta con malvones. ¿Por qué tu insistencia si ya se había demostrado que todos esos intentos terminaban como le fue a Rosa Luxemburgo, con un balazo en la nuca y con el rostro en un charco de lodo? Cometiste otro gran error que tampoco los mandarines de las letras podían perdonarte: hiciste la mejor literatura con un estilo directo, claro, preciso, como el de un maestro primario rural. Te entendían y te entienden todos. Rompiste el mito sagrado que un intelectual debe ser un travesti de las palabras y no un sembrador de quimeras y rebeldías. Tu más grande pecado fue hacer arte literario puro con sólo los siete colores primarios.

01 enero, 2012

Sí, por lo menos, soñar. Osvaldo Bayer

Desde Bonn, Alemania
Sí, aquí la nieve. Navidades blancas nos esperan. Bueno, no tan blancas, los nubarrones acechan. Pero, esperanzas, siempre. Deseos, nunca el pesimismo. Pero la realidad... Europa... la civilización europea. En medio de la interminable, infinita discusión, Europa, aquella que salió en sus mares, en carabelas, a “enseñar su cultura” y se llenó de ira, plata y esclavitud para deshacerse a sí misma en guerras, en horcas y trincheras. A pesar de los filósofos y su búsqueda de la “paz eterna” y de su religión que nos enseñaba la “bondad”. Sí, la bondad de los pobres hacia los ricos.
Recuerdo ese ’45, ahora sí, todo será democracia y llegar a la comprensión infinita entre los pueblos. Recuerdo la caída del mundo soviético, ahora sí que el capitalismo demostraría sus frutos, la generosidad rebalsaría los bolsillos, democracia para todos. La actualidad... con una nieve cada vez más chirle y los bosques cada vez más pálidos y reducidos. Pero los autos, sí, los autos. Pese a la crisis, más autos.
Gente sin trabajo. La peor de las epidemias. Pero en los barrios bien no han disminuido las compras. Los artículos de lujo siguen sonriéndonos desde las páginas de las revistas situacionistas y de la televisión privada. Y en las escuelas y las plazas, menos niños. Y los pocos que hay están ante la pantalla. La Alemania del ’45 se convirtió en un país capitalista modelo que dicta recetas. La Unión Soviética en la Rusia de Putin, un maestro en meter la mula hasta en las elecciones mientras en Asia y en Africa se destrozan a palos y con bombardeos estratégicos. Anoche la televisión alemana inundó con lágrimas patrióticas la visita de su ministro de Defensa a Afganistán, donde fue a rendir homenaje a los soldados alemanes caídos durante la ocupación de ese país asiático. Decenas de jóvenes muertos por el ansia occidental y cristiana de demostrar que la única fórmula de vida es la que trata de enseñarnos Occidente desde el tiempo de los romanos. La crueldad de enviar jóvenes uniformados a países desconocidos a hacer cumplir las reglas de Occidente que dicta Estados Unidos. Jóvenes uniformados muertos en todas las latitudes desde siempre. Para ser todos occidentales y cristianos.
La crisis económica que inunda los comentarios de todas las publicaciones. Las distintas fórmulas capitalistas para salir de la crisis que dentro de diez años nos llevarán a otra crisis. En un planeta cada vez más raquítico.
Los diarios alemanes traen en primera página un informe del gobierno: “Uno de cada siete alemanes está amenazado de caer en el nivel de pobreza”. Y es el país más seguro de Europa.
¿Seguimos esta descripción o paramos aquí y comenzamos a sembrar optimismo ya que estamos en las fiestas y a hablar de sonrisas y esperanzas? Sí, podríamos parar aquí con esta actualidad de desocupación y miedos de futuros de miserias, corridas y vidrieras rotas y visitar colegios con sus coros infantiles navideños o fiestas de ancianos que se reúnen para obtener fondos y ayudar a los niños huérfanos africanos. O felicitar a un núcleo de artistas plásticos que ofrecerán sus obras en beneficio de los vagabundos en las ferias de Navidad junto a bombones, tortas navideñas y luces de colores. Y sonreír y pensar con optimismo: el ser humano es invencible, nunca se da por derrotado. Pese a Putin, el presidente Obama, Berlusconi y Bin Laden.
Las campanas de las iglesias siguen tocando en vano. Que sigan tocando, por lo menos incitan a recordar, a levantar en vuelo a las aves, a meterse entre el ruido de los motores.
Sí, piso la nieve de esta aldea alemana con siglos de historia. Está como si nada hubiera ocurrido en el mundo. Su bosque blanco de nieve, sus techos resplandecientes de blancos puros. Y las luces de sus ventanas. Todo en orden por esas calles por las que cada veinticinco años desfilaba una generación de jóvenes uniformados a marchar “al frente”, contra el “enemigo”. Resuelvo no pensar más en la historia, sino sumergirme en la poesía y luego matizarla con música, sí, Schubert y Schumann. Luego, con un buen vino del Rin, ensayar algunas danzas con mi mujer. Todo un poco clásico. Justo me tocan el timbre, el correo: un libro sobre las villas miseria argentinas de un escritor amigo. Y ahora me golpean la puerta: dos damas bien vestidas que hacen una colecta para agrandar el hogar de vagabundos de la zona cuyo número ha aumentado con la crisis. “Vamos a tener un invierno muy crudo”, me dice una de las damas con acento maternal y mirada severa, “esa gente ya no puede dormir en la calle”. Las invito a pasar porque entra mucho frío por la puerta abierta, pero no aceptan porque me dicen que les queda mucha tarea todavía. La única respuesta sólo puede ser la mano que va al bolsillo. Anotación y firma. Todo correcto.
Me siento. No me queda otra cosa que cavilar. Empleo esa palabra porque me parece sabia. Cavilar, pensar, meditar, soñar... pienso, pero casi grito: ¡actuar! Y me asomo por la ventana para seguir la marcha de esas dos mujeres que pese al frío salen a la calle a pedir por vagabundos de los cuales no conocen ni el nombre.
El cartero, junto al libro, me ha entregado una revista argentina que recuerda el 2001 aquel. No puedo dejar de recordar las asambleas barriales. ¡Qué momento inolvidable! Los soñadores vinos todo un futuro: esas viejitas hablando por primera vez en esa masa que se juntaba por necesidad de soluciones. Esos jubilados que ya no hablaban de sus jubilaciones sino de chicos con hambre y que no había que conformarse solamente con hablar, esos jóvenes que pensaban armar colectivos para construir casas... qué imágenes. La repentización de las masas. Sonrío. Sí, hay algo también en el ser humano, hay algo que nos puede llevar a lo racional, lo moral, el hallazgo definitivo de la no violencia en la sociedad. A la ética de la mano abierta y no la de los “countries”.
Me miro con mi mujer, nos hacemos un guiño, ella vuelve a poner música de Schubert y yo levanto las manos para iniciar una danza de esas clásicas, con reverencias, pero también ensayando abrazos.
Fuente: Pagina12

18 diciembre, 2011

Cambalache. Osvaldo Bayer

Como todos los días, al amanecer, voy a buscar los diarios al buzón, que me deja el “canillita” con auto. Además de dos diarios está también una revista semanal. Las leo. Una hora después termino la lectura. No puedo creer. Camino unos pasos y me viene a la memoria una letra de tango. Lo canto a media voz aunque quisiera gritarlo. “Cambalache”, del filósofo de la calle Discépolo:

Siglo veinte, cambalache
Problemático y febril...
.................
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en un mismo lodo,
Todos manoseaos.

Vuelvo al diario. Leo su titular: “Joven, sin posibilidades y amargado”. Y el subtítulo: “Alarma, hoy, en el Día de la Juventud, en todo el mundo la crisis financiera empuja a los menores de 25 años a la marginación”.

El artículo se basa en un estudio de la ILO, la Organización Internacional del Trabajo con sede en Suiza. Señala que en Europa, el número de jóvenes desocupados aumenta mes a mes. España, por ejemplo, anuncia una desocupación del 40,3 por ciento de jóvenes menores de 25 años. Y eso que, en el 2007, esa cifra llegaba apenas al 17,5 por ciento. Dice la crónica: “La cifra avanza en forma dramática” y cita al diario español El País, que habla de “una generación cero con muy pocas perspectivas y sin ninguna chance de empleo”. Y no sólo ocurre esto a los que han abandonado sus estudios y tienen poca preparación en oficios sino también a los jóvenes académicos a quienes “les esperan múltiples problemas para encontrar un empleo después de finalizar sus estudios”. Además, explica la ILO, “mismo los que obtienen un empleo, en el 2010, no tienen seguridad para planificar su futuro ya que el noventa por ciento de los trabajadores españoles menores de 25 años sólo reciben contratos con plazo limitado que pueden ser fácilmente rescindidos”.

A esa generación de jóvenes, en círculos especializados, la denominan “Ni, ni”, es decir, “ni estudian ni trabajan”. Acerca de esto, el sociólogo Philipp Woldin escribe: “Se trata de una generación sin estímulo, que ya no tiene sueños de futuro y que se ven ellos obligados a vivir con sus padres. España teme que debido a la crisis económica crezca una ‘generación perdida’ de jóvenes”. Las consecuencias, según los expertos, “para esa generación serán miedo al futuro y falta de motivación y, por supuesto, una larga dependencia del hogar paterno”.

La ILO advierte que en el 2008, en el mundo entero, 152 millones de jóvenes debieron conformarse con una entrada de apenas 1,25 dólar por día, lo que corresponde a un 28 por ciento de la cuota mundial de desocupados.

Pero, y aquí viene lo notable, “el mayor aumento de esa desocupación como consecuencia de la crisis financiera ocurre en los países desarrollados y de ellos, más en los europeos, donde la cuota de jóvenes desocupados aumentó del 13,1 por ciento, en 2008, a 17,7, en 2009. La que mejor se mantiene en los países desarrollados es Alemania, donde esa cuota alcanza al 11 por ciento.

Las consecuencias son, y lo dice el informe de la ILO: aumento de la criminalidad, problemas psíquicos y aumento del consumo de drogas.

Levanto la vista y me digo: “¿y eso hacemos con nuestros jóvenes? Ni siquiera ya reina aquella obligación moral y racional de asegurarles un camino sin violencias en la vida. La actual sociedad mundial con su sistema les abre la puerta para lanzarlos no a la paz sino a la contienda del egoísmo y la disputa diaria.

El mismo diario trae las declaraciones de Tim Noonan, portavoz de la Confederación Internacional Sindical, con asiento en Bruselas, quien señaló que “los gobiernos de la mayoría de los países se han preocupado muy poco durante muchos años en crear fuentes de trabajo y por eso los jóvenes, después de terminados sus estudios, no tienen posibilidades de encontrar una ocupación. Y los que la consiguen están limitados por contratos a término o reciben un sueldo muy bajo. Deben modificarse ya los fundamentos macroeconómicos. Tiene que acabar esa limitación y originar lugares de trabajo, crear empleos verdes, de defensa del medio ambiente. Si no se hace eso vendrá una segunda recesión. Es una bomba de tiempo que ha empezado a hacer tic-tac”.

“En los llamados países en desarrollo el problema es mucho más grave. En Africa y en el Medio Oriente la mayoría de la juventud no tiene trabajo. En Africa del Sur –donde se acaba de jugar el Mundial de Fútbol– el 45 por ciento de la juventud no tiene trabajo. En Namibia, el 75 por ciento. Naciones Unidas ha advertido que cada vez más hay jóvenes que caen en la criminalidad. El peligro es muy grande. Porque junto a la desocupación aumenta la inflación y estamos frente a una crisis de alimentos. Han comenzado las protestas, también en Europa; el caso de Grecia es patético. Trabajo debe ser el problema fundamental.”

Tiene razón Tim Noonan. Ni con medidas financieras ni con ahorros ni con acortar la ayuda a los países en desarrollo se soluciona el problema. Crear trabajo, ésa es la clave, repartir a cada cual lo suyo, ésa es la única solución contra toda violencia.

Doy vuelta la página del diario. Y no puedo creerlo: el Instituto de la Economía Alemana, institución matriz de los empresarios de este país, propone que se eleve la edad para jubilarse, de 65 años a 70; y para ello señalan que la gente cada vez vive más y es imposible solventar las jubilaciones, y que, por otra parte, ha disminuido el número de nacimientos. Es decir que las nuevas generaciones no podrán sostener al cada vez mayor número de ancianos.

Y aquí cabe la pregunta: ¿pero cómo, si hay cada vez menos trabajo y ahora quieren aumentar la edad para jubilados para que los viejos sigan trabajando cinco años más? Y entonces, ¿qué se hace con los jóvenes? Esto demuestra la irracionalidad del sistema capitalista que siempre busca cortar el hilo por lo más delgado. Si los viejos trabajan más años, los jóvenes tienen menos probabilidad de encontrar empleo, dadas las circunstancias del sistema económico actual. Mientras unos discuten cómo crear más trabajo los otros proponen que los que están por jubilarse ya sigan trabajando cinco años más. El sistema. La irracionalidad.

Porque la realidad es otra. Las empresas despiden a gran parte de su personal una vez cumplidos los 55 años, principalmente a los ejecutivos. Está en la mente empresaria que ya a esa edad hay conformismo y no la palabra “búsqueda”, el superarse siempre hasta el último día. Si bien pagan indemnización para librarse de los viejos, éstos, al quedarse sin empleo, pasan a cobrar el seguro de desempleo, una suma en sí irrisoria que les alcanza sólo para no morirse de hambre. Vamos a la parte psicológica: todo empleado, a partir de los 55 años, comienza a tener temor de un pronto despido. Y eso obra sobre su salud mental y física. Y se va formando así una sociedad de histerias, codazos y neurastenias. Cuando la vida tendría que tener un final de tranquilidad y premio para todos aquellos que cumplieron con la sociedad.

Este es el panorama. Pero doy vuelta a la página del mismo diario y me encuentro con otra información. Todo en idioma perfectamente empresarial. Se explica el radical programa de ahorro que llevan a cabo casi todos los estados federales de Estados Unidos. Se ahorra cerrando escuelas, rebajando las ayudas sociales y dejando cesantes a empleados. Hasta ahora, desde comienzos del 2010 se ha dejado cesantes a 169.000 empleados. La nota periodística la firma el economista Dietmar Ostermann. Se calcula que en el 2011 se van a ahorrar 120 mil millones de dólares para terminar con el déficit nacional. Obama ha enviado 10.000 millones de dólares a esos Estados para parar un poco el cierre de escuelas y el despido de maestros. Los republicanos han calificado a la ayuda de Obama como apenas una gota de agua sobre una piedra caliente. La financiación de esa ayuda se lleva a cabo a costa de los más pobres ya que se han eliminado las subvenciones para alimentos vitales.

Sigo leyendo el mismo diario. En el próximo título de página se denuncia el gran negociado que se llevó a cabo con la alarma sobre la gripe porcina y la dramática obligación de vacunarse a todo el mundo. Pero ya no quiero seguir leyendo, me digo, basta. Cierro el diario. Sí, es un diario de tendencia liberal, nada contestatario. Pero informa de la actualidad, es su obligación, la de informar. Es el Frankfurter Rundschau. Tomo la revista Stern, para descansar un poco. Pero justo su nota principal habla de los empresarios más ricos de Alemania y su predisposición a hacer donativos. Por lo menos hay 75 de ellos que poseen fortunas de más de mil millones de euros (que es de más valor que el dólar). Ejemplo, Karl Albrecht posee declarados 17.000 millones de euros; Theodor Albrecht, más de 16.000 millones; Dieter Schwarz, más de 10.000 millones, y sigue la lista. Como decimos, hay por lo menos 75 multimillonarios. Y eso que lo que poseen, comparado con lo de los multimillonarios norteamericanos, parecen propinas. Bastaría comparar esas cifras con las estadísticas del hambre en el mundo, o de la gente sin techo, o de las villas miseria.

“Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé
En el quinientos seis
Y en el dos mil también.
Que siempre ha habido chorros
Maquiavelos y estafaos,
Contentos y amargaos,
Barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
Es un despliegue de maldá insolente
Ya no hay quien lo niegue.”

Cambalache. Me digo: Alemania tuvo pensadores como Kant y Marx; Francia lo tuvo a Descartes, el mundo todo a un Einstein. Pero los argentinos lo tuvimos a Discepolín, que en un tango lo definió todo, en el idioma del pueblo.

Voy a la ventana. Veo el verde de este verano, el cielo bien azul, el dorado tan puro de los rayos del sol. Y se me presentan las figuras humildes de Agustín Tosco, aquel del Cordobazo que encabezaba las protestas obreras vestido con su humilde “overol”, y en Facón Grande, el gaucho que fue fusilado por acompañar a los pobres peones rurales patagónicos.

Sí, a pesar del cambalache, hay gente que no se rinde.

06 diciembre, 2011

Entrevista a Osvaldo Bayer: “Todavía no hay una verdadera democracia. Por eso hay que seguir empujando”

El historiador repasa el trasfondo de la actual desigualdad en la distribución de tierras: el expolio sufrido por los pueblos originarios por parte de los grandes terratenientes argentinos.

En 1963, Osvaldo Bayer sugirió en una charla en Rauch (Buenos Aires) la realización de un plebiscito para cambiar el nombre del pueblo por el de Arbolito. La propuesta no hubiera despertado tanta controversia si el nombre original no hiciera referencia a uno de los generales que dirigió la primera gran campaña contra los pueblos originarios; y el de Arbolito, al indio ranquel que terminó con su vida. La propuesta tampoco hubiera sido tan polémica si el entonces ministro del Interior no se llamara Juan Enrique Rauch, el bisnieto de aquel militar, quien mandó encarcelar a Bayer en una prisión de mujeres en cuanto volvió a la capital. Este episodio, entre tantos otros, habla del compromiso de Osvaldo Bayer con la memoria de los pueblos originarios, así como con el movimiento obrero argentino, al que dedicó libros como Los Vengadores de la Patagonia Trágica, investigación en que se basó La Patagonia Rebelde (1973). En esta película, Héctor Alterio y Federico Luppi compartieron cartel con un joven militante peronista que realizó un discreto papel de extra: Néstor Kirchner.

DIAGONAL: ¿Cuál es el origen de la distribución de la tierra?

OSVALDO BAYER: La distribución de la tierra se originó con las llamadas “campañas del desierto” sobre la tierra donde vivían los pueblos originarios. La mayor de esas masacres fue llevada a cabo por el general Julio A. Roca en 1879. La Sociedad Rural, creada por los estancieros de la provincia de Buenos Aires en 1866, cofinanció la campaña. El Ejército argentino marchó sobre los pueblos originarios y perpetró un verdadero genocidio. Roca reestableció la esclavitud en Argentina –eliminada en 1813–. En los diarios argentinos se podía leer: “Hoy reparto de indios. A toda familia que requiera se le entregará un varón como peón, una china como sirvienta o un chinito como mandadero”. También se repartieron 42 millones de hectáreas a 1.800 estancieros integrantes de la Sociedad Rural. Al presidente de la Sociedad Rural, el señor José María Martínez de Hoz, se le entregaron 2.500.000 ha. Los Martínez de Hoz eran una familia de españoles que habían llegado al Virreinato del Río de la Plata cuando era de dominio español como traficantes de esclavos. Luego se convirtieron en una familia de terratenientes y hoy todavía dominan la escena. Tanto es así que el ministro de Economía más famoso de la última dictadura militar era bisnieto de aquel traficante de esclavos.

24 noviembre, 2011

Argentinos, a las soluciones. Osvaldo Bayer

Después de las frenéticas jornadas preelectorales y poselectorales vuelve la calma a la sociedad. Es el momento de pensar en los problemas que buscan solución para lograr una sociedad sin violencias. Están siempre latentes, por ejemplo, las cuestiones de las tierras comunitarias de los pueblos originarios.

Uno de ellos es más que urgente. Se trata de algo todavía no solucionado: la tierra de los qom en Formosa. Sí. Los llamados tobas. Quien converse con el cacique electo por la mayoría de ellos, don Félix Díaz, se encontrará con un hombre sabio. Habla despacio, casi lento, con una voz un tanto triste pero con mucho de noble. Es parco y directo. A su comunidad, el pasado año se le quitaron 1300 hectáreas; 600 de ellas fueron dadas a la Universidad de Formosa y el resto a la familia Celía. La quita se hizo a balazos y garrotazos. Un qom cayó muerto, Roberto López, y hubo niños y ancianos heridos de gravedad, que todavía están hospitalizados. Tierras comunitarias que desde que se registra el tiempo pertenecieron a los pacíficos qom, que cultivaban la tierra y mantenían la naturaleza en su estado original. Una comunidad de siglos. Los qom con Félix Díaz a la cabeza vinieron a Buenos Aires y mantuvieron un campamento en plena avenida 9 de Julio durante meses. La protesta callada pero siempre presente. “Seguiremos siempre viviendo rodeados de bosques con nuestra propia cultura –me dice Félix Diaz–, con nuestra idiosincrasia, con nuestra organización. No estamos evangelizados, no tenemos la camiseta de ningún partido político. Se nos niega el acceso al agua. La Justicia nos niega respuestas, nos acusa de resistencia y de la quema de nuestros propios ranchos, cosa que no hicimos. Tenemos sólo nuestra palabra contra todo el poder político.”

12 noviembre, 2011

Rainer y Minou

Rainer y Minou-Osvaldo Bayer
El infierno son los otros
Rainer y Minou (Planeta) es la primera novela de Osvaldo Bayer (1927), un autor convencido de que aunque “las novelas no busquen ser un código de moral, pueden servir para que alguna vez el amor derrote a la tragedia”. Conocido sobre todo por sus investigaciones históricas (el clásico La Patagonia rebelde), ha publicado también poesía (Los cantos de la sed).
por Juan Forn.

Hace tres años, Osvaldo Bayer me contó, en un pasillo de este diario, la historia de un productor de cine alemán, hijo del más sanguinario verdugo de Auschwitz, que se enamoró en el Berlín de los 70 de una judía argentina cuyos padres habían huido de los nazis, y de cómo se convirtieron ambos (el prestigioso productor y la promisoria aspirante a directora) en un estigma insoportable para la sociedad alemana de entonces. El doble signo de la historia (lo romántico combinado con lo trágico) era tan poderoso que ni siquiera le pregunté cómo terminaba. Incidió, supongo, el reflejo casi supersticioso de no querer saber nada del final, para que la historia tuviera más impacto cuando la leyera. Porque lo que me dijo Bayer aquella tarde fue que ése era el corazón de la novela que se proponía escribir. Su primera novela. Y a punto de cumplir los setenta años. Me acuerdo de su cara cuando lo dijo: la combinación de respeto teutón por el género (“una novela, eso que hacen los escritores”, agregó) y de picardía por meterse “a esta edad” en terreno ajeno (tal como en su momento “se metió” a historiador, siendo un anónimo periodista en Esquel, para desentrañar la verdad oculta de los hechos que hoy conocemos como La Patagonia rebelde).
A fines del año pasado (cuando Bayer ya había terminado y entregado a imprenta esa novela, con el título Rainer y Minou y el subtítulo Una realidad literaria), viajó a Río Gallegos a recibir un doctorado honoris causa de la Universidad Austral. Allí contó cuál había sido la génesis de su monumental investigación sobre los hechos de la Patagonia: el momento de su infancia en que “quedó magnetizado por las dos versiones tan distintas” que daban su padre y su madre sobre la bestial represión de aquellas huelgas por las tropas del Ejército. La “ira y tristeza” con que su padre recordaba los hechos y la respetuosa divergencia que confesaba a sus hijos la señora Bayer cuando su marido no estaba presente (“No fue tan así como lo cuenta vuestro padre...”). Y que llevó al joven Bayer a dedicar más de una década de esfuerzos solitarios para “intentar develar cuál de aquellas versiones era más cierta”. Leyendo en esos días Rainer y Minou me acordé de otra confesión de Bayer a propósito de su formación: “Quise estudiar un año de Medicina, para conocer el cuerpo, antes de conocer el alma estudiando Filosofía”. Porque este libro es un artefacto que responde tan impecablemente a esa actitud de conocimiento como a esa definición de “realidad literaria”.
Rainer y Minou es una historia de amor. Mejor dicho, es la versión (la suma de versiones) de esa historia de amor que nos ofrece un testigo: “el cronista”, como lo llama Bayer. Un cronista que nos recibe en la primera página del texto para anticiparnos el libro que vamos a leer. Y nos despide de él en la última, cuando ya todos los personajes han abandonado la escena. Los protagonistas de esta historia son, más bien, antagonistas. Y no sólo por las oposiciones evidentes (el hijo de los victimarios, la hija de las víctimas) sino por la química que le imponen tales oposiciones a ese amor. Como se trata de una realidad literaria (“eso que hacen los escritores”), Bayer, el cronista, el investigador, puede hacer algo que no le estuvo permitido las otras veces en que fue ese rastreador y recolector de las briznas dispersas de una historia. Esta vez pudo meterse a investigar también dentro de esos personajes. No sólo en sus acciones y testimonios sino también en su alma: ese lugar donde coexisten como pueden los recuerdos y los sentimientos (y que, recordemos, el joven Bayer quiso aprender a conocer estudiando Filosofía).
Como es habitual en los libros de Bayer, la construcción del entorno “fáctico” es de un rigor exhaustivo: sea la vida de los alemanes en la Argentina antes del advenimiento del nazismo o de los judíos que llegaron huyendo de Hitler, sea la cotidianidad de los hijos de los oficiales nazis en los campos de exterminio o las diferentes conductas de los judíos que siguen viviendo en Alemania después de la guerra, sea el mundo del cine berlinés de los 70 o el comportamiento de la prensa alemana cuando descubre que el hijo del tristemente célebre “Perro Sanguinario” Sturm está apadrinando el debut cinematográfico (y autobiográfico) de una joven judía. A ese gran fresco histórico, Bayer acopla con precisión de orfebre la evolución interior de sus dos protagonistas (esa “investigación del alma” que por primera vez se pudo permitir). Y si entrar en Rainer es como sumergirse de cabeza en inesperados ecos fatalistas extraídos del romanticismo alemán (las actas de Auschwitz y los testimonios de los hijos de Bormann y Speer acompañan las obras de Von Kleist y Hölderlin en la cabecera de Rainer), entrar en Minou es perderse en una tierra baldía: de sentimientos, de conciencia histórica, de humanidad lisa y llana. Ése es el combustible que alimenta sin pausa ni descanso el libro. La oposición entre ese afán de Rainer de ser simbólicamente perdonado por los crímenes de su sangre en la persona que ama. Y la desgracia de que esa persona no pueda perdonar porque no sabe con qué: no es que Minou se niegue a dar ese perdón sino que no tiene nada para dar que se parezca a un perdón.
Que la voz de Bayer (esa voz que siempre fue en busca de la verdad por debajo de las apariencias) cuente esta historia es una experiencia fascinante. Porque el tono en que está narrada la historia es una suerte de retrato en movimiento de la construcción de la memoria colectiva. El propio cronista parece sospechar con fatalidad que, esta vez, la verdad, la tan ansiada verdad, es aun más esquiva que otras veces, por la sencilla razón de que parece no haber verdad aun para un tema como éste. Cronista y testigos lo sospechan, cada uno a su modo. Si el progresivo alejamiento de Minou se debe más a la sanción colectiva in absentia al Perro Sanguinario que a sus propios sentimientos hacia Rainer (tan tibios al principio como al final, vale aclarar, como si Minou fuera sencillamente incapaz de entender ese lenguaje tan elocuente para quienes la rodean), el escándalo generalizado que suscita ese amor prohibido se convierte en triste estupor ante el desenlace de la historia.
Para entonces, el “cronista” de Bayer ha ido colocando al lector en la situación de cada uno de los que asistieron a la historia de Rainer y Minou: quienes conocieron a los dos, quienes conocieron sólo a uno o al otro y todos aquellos que se enteraron de oídas o por la prensa del comienzo y el fin del trágico episodio. El proceso interior de Rainer es la puesta en escena de la pregunta que asedia ominosamente todo el libro: ¿a qué destino individual pueden aspirar los hijos de genocidas? Bayer ha dicho que se propone profundizar en este interrogante con una nueva novela, sobre el auge y la decadencia de la intervención de la juventud en la vida política, ambientada en la Argentina de los 60 hasta hoy: “Porque las novelas no buscan ser un código de moral, pero pueden servir para que alguna vez el amor derrote a la tragedia”.

© Página/12 - Nota del 9 del 9 de 1998

28 octubre, 2011

El santo ácrata


En los años treinta, el periodista Luis Sofovich lo calificó de "el santo ácrata". Acracia era el país utópico con que soñaban los anarquistas, un mundo sin gobierno donde todo se resolviera por acuerdo mutuo, la ayuda mutua, la solidaridad. los ácratas eran -y son- quienes piensan que lo más sagrado es la libertad, y el poder significa la negación de la libertad, por ende, de la dignidad. El "santoácrata" fue el orador más formidable que conocieron las tribunas publicas de la Argentina en las grandes agitaciones sociales de las primeras décadas de este siglo. Se llamó Rodolfo González Pacheco, la encarnación del "hombre nuevo". Luis Sofovich, aquel eterno tecleador de las redacciones de Crítica y de Noticias Gráficas, hizo el siguiente relato acerca de él: "Era el más noble, altruista y bondadoso de los ácratas. Poeta, su inspiración nacía en su alma limpia y en su devoción por la belleza. La Pampa y sus hombres conmovían sus fibras más íntimas, pero también los hombres que sudaban junto a las fraguas y los que estaban sumergidos por la tragedia. La libertad era su religión y en esa creencia era un santo, canonizado por una vida sin sacrificios, sin claudicaciones". Aclamado hombre de teatro, Rodolfo González Pacheco conmovió a amplios sectores populares con sus obras Hermano lobo, Las víboras, La inundación, Hijos del pueblo, y otras. Su estilo continuaba la línea comenzada por Florencio Sánchez con su M' hijo el dotor. Pero si bien sus obras ocuparon durante muchos años los escenarios de las salas céntricas, él escribía sus obras principalmente para los "cuadros filodramáticos", los teatros con que contaban todas las "sociedades de resistencia", como se llamaban los sindicatos, y las bibliotecas populares, creadas por socialistas y anarquistas hasta en el más lejano rincón de las pampas. Una vez, en la Sociedad de Actores, le preguntaron: ¿Cómo se hizo anarquista". Y él contestó sonriente y nostálgico: "La culpa fue de unos agitadores que disfrazados de marineros y vendedores de casimires de contrabando llegaron una tarde a la estancia de mis padres, en los primeros años de este siglo. Yo era un hijo de papá, un aprendiz de gaucho, mujeriego en los bailes de rancho y pendenciero en las reuniones de pulpería. Respetado por los gauchos que veían en mí más que al mozo guapo a un protegido de los milicos, porque era hijo de estanciero. Aquellos falsos contrabandistas pidieron permiso para pernoctar, y de acuerdo con la costumbre hospitalaria de nuestra pampa se les dio carne asada y catres para pasar la noche en el galpón de los mensuales. Al siguiente día, cuando ellos se fueron, uno de los peones me trajo una colección de pequeños folletos que los forasteros se habían olvidado en el galpón, repartidos estratégicamente para que se pudieran hallar después de irse... Eran pensamientos de Bakunin, de Kropotkin, de Pietro Gori, de Malatesta. Al leerlos, fue la primera vez que advertí que en el mundo había algo más que guitarras, ginebra y carreras cuadreras. Que había gente que se preocupaba por sus congéneres. Y que mi vida era canallesca comparada con la nobleza y los sentimientos de esa gente con preocupaciones sociales". Esas consignas iban a ser su brújula hasta su muerte, en 1949, a los 66 años. Fue un nato sembrador de ideas. Un orador político por excelencia. Estuvo en todo el país para hablar. Recorrió también Chile, México, Cuba y España hablando, siempre hablando y discutiendo. Habló en todas las campañas: la de Sacco y Vanzetti; la de Radowitzky, la de los mensúes, la de los mineros; fue el principal agitador en la huelga teatral más grande de la historia argentina. Pero ante todo fue el creador de los "Carteles". Los "Carteles" de González Pacheco consistían en recuadros que se publicaban en los periódicos anarquistas y donde se tomaba tajante posición ante los acontecimientos públicos que se producían. Esos "Carteles" quedaron en las páginas de los periódicos que él mismo fue fundando. Por ejemplo, aquel semanario llamado La Mentira que, con ironía suspicaz, se autotitulaba Organo de la patria, la religión y el Estado, y que fundó junto a un oficial de policía: Federico A. Gutiérrez, a quien un anarquista italiano, el anciano Ragazzini, había convencido durante sus continuas estadas forzosas en el Depósito de Contraventores. Pacheco fue primera pluma también en Germinal, en Campana Nueva, en el vespertino La Batalla (sí, los anarquistas editaban todos los días La Protesta, matutino, y La Batalla, vespertino). Pero el régimen de los conservadores liberales no le permitió levantar demasiado vuelo durante la campaña que la izquierda argentina inició contra la Ley Social y la Ley de Residencia: con otros luchadores, González Pacheco fue enviado al presidio militar de Ushuaia, la "Siberia Argentina", como se lo conocía en aquel tiempo. De ese tiempo quedaron sus impresionantes "Carteles" sobre el trato a los presos: la cachiporra de plomo, el triángulo, el cavar pozos en invierno con las manos, las palizas diarias. Un baldón que también tienen los gobiernos radicales de Yrigoyen y Alvear, el dictador Uriburu, y los Justo, Ortiz y Castillo de la Década Infame, y los militares del '43. Pero si bien casi todos volvían quebrados y dispuestos a portarse bien, luego de vivir entre la brutalidad y la humillación, González Pacheco fundó, apenas regresado a Buenos Aires, Libre Palabra y más tarde El Manifiesto, hasta que entró a trabajar en La Protesta. Poco después creará La Obra, pero durante la Semana Trágica Yrigoyen ordenará la clausura de esa publicación y también de La Protesta. González Pacheco hizo caso omiso de la amenaza y la cárcel sacó a luz Tribuna Proletaria. Durante el gobierno de Alvear lo condenan a seis meses de prisión por haber elogiado la actitud del obrero alemán Kurt Wilckens, quien mata al teniente coronel Varela, fusilador de centenares de peones rurales patagónicos. Cuando a fines de la década del veinte se desata la violencia del anarquismo expropiador y Severino Di Giovanni comete el atentado contra la representación italiana fascista González Pacheco no sale -como muchos- a purificarse en las aguas del Jordán ni a lavarse las manos como Pilatos. Lamenta sí, las víctimas, pero hace el análisis del porqué de la violencia y las causas que originan esa violencia. Dirá en sus cartel La Cosecha: "Frente al dinamitazo del consulado italiano no nos desdecimos ni en una coma.Pensamos lo que pensábamos: el sistema de barbarie por el que arrean al mundo los gobernantes va a continuar produciendo estas explosiones. Son ellos, con sus violencias bestiales y sus podridos cinismos ante las más inefables aspiraciones del pueblo y sus más primarios instintos de libertad y justicia, los únicos responsables. No nos ponemos al margen ni le sacamos el cuerpo a ninguna sospecha, por más infame que sea. Nunca podrá herirnos nada tan hondamente, como nos hiere y desgarra la angustia ahora". Y más adelante señala: "El culpable, sea quien sea, es un producto de este sistema burgués delirante de violencia y cinismos. Ese sistema es el criminal que arrea a la carnicería de diez millones de humanos, como en la pasada guerra, que aventa hogares y templos, mutila y relaja espíritus, él. El es el que corrompe todo, con sólo mirar, la vida... Lloren los cocodrilos sicarios. Nosotros no lloramos. No le sacamos el cuerpo a ninguna responsabilidad, tampoco". Por supuesto, González Pacheco irá -en 1936- a defender al pueblo español contra los militares de Franco. Y a partir de 1943 verá impotente como los sindicatos dejan de dar sus obras y escuchar sus conferencias. En las asambleas ya no se canta "Hijo del pueblo te oprimen cadenas..." o "Arriba los pobres del mundo..." sino el "Perón, Perón..." En el marco de ésta realidad moría hace 45 años Rodolfo González Pacheco, el "santo ácrata". Pero, pese a todo, moría con fe en el futuro. Lo atestigua ésta, su frase: "Hay un modo de perder y hay un modo de ganar a los hombres para la libertad: metiéndolos en un puño, como reses en un brete, o despertando en ellos el dormido ser sagrado que todos llevan dentro. Uno es expeditivo y autoritario: el otro es fraterno y entusiasta... De ése seguirá cosechando fe en su destino el pueblo. Porque aquel manda y éste siembra".

Osvaldo Bayer
Página/12, 09/04/94

22 octubre, 2011

Una región instalada en el imaginario, no en la geografía

Por Mora Cordeu
La voz grave de Osvaldo Bayer marca el tono de la mesa redonda sobre la Patagonia realizada en el Auditorium del stand argentino de la 63a edición de la Feria del Libro de Frankfurt, sobre un tema que convoca a los escritores Leopoldo Brizuela, Mempo Giardinelli, María Rosa Lojo, además del investigador de tantos hechos acontecidos en ese mítico, histórico y lejano sur.
"Más de dos millones de hectáreas de la Patagonia en manos de 137 estancieros ingleses", lee Bayer y mecha datos de su propia cosecha de una investigación que le llevó años para documentar: los sucesivos expolios, la dominación de los pueblos originarios por parte de los nuevos dueños de la tierra, cuando el territorio del país apenas alcanzaba al sur de la provincia de Buenos Aires.

Y entre esos dueños, hay nombres que no se olvidan como Mauricio Braun, cuya estancia "Coy-Aike" cerca del río Coyle, en Santa Cruz, de cien mil hectáreas y la lista continúa, interminable.

Y surge la campaña de Julio Argentino Roca entre 1879 y 1884 y la casi extinción de una raza legendaria, los tehuelches, nunca reconocidos por el invasor.

E interviene María Rosa Lojo, para subrayar que "la Argentina moderna y muy bárbara que se constituye despues de Roca, es como un enclave blanco en América del Sur.

Lojo menciona los textos literarios de las escritoras Rosa Guerra y Eduarda Mansilla, que cuentan de la cautiva Lucía Miranda, incluido en la crónica llamada "La Argentina manuscrita", de 1612, de Ruy Díaz de Guzmám y que es objeto de una larga serie de reelaboraciones historiográficas y literarias hasta 1929".

Una historia trágica entre un cacique timbú y la española Miranda, esposa de un militar español. "Lejos de presentar una sociedad `blanca` Ruz Díaz se refiere (elogiosamente al mestizaje) del que él mismo había nacido.

El acento de la desaparición de los indígenas "toca más lo cultural ya que el punto de partida es un análisis reconstructivo de la historia", analiza Lojo.

Desde otro ángulo, más imaginario que histórico, Leopoldo Brizuela habla de la Paragonia como un territorio de la imaginación, "algo que sucedió con otras regiones europeas como Portugal. Yo lo elijo como un imaginario que invento con una intención política", observa.

Y menciona tres momentos: "La posible guerra con Chile, la guerra de las Malvinas y la reivindicación en 1980 que hizo la dictadura militar de la campaña del Desierto, a cien años, donde el genocidio y la guerrilla se aúnan. Más que escribir sobre hechos reales se escribe sobre imaginarios", desliza sobre "la incapacidad de contar el genocidio de la dictadura".

"Fuegia", de Eduardo Belgrano Rawson, ese libro "cuando lo leí, recuerda Brizuela "fue como un deslumbramiento". "Ahí empecé a profundizar sobre la historia de la Patagonia. Y las metáforas sobre los años 90 y el genocidio de los 70, también contado por Belgrano Rawson desde el genocidio indígena".

"Recién en el 2003 empecé a ir a la Patagonia -relata Brizuela- y conocí gente ahí que vive con un imaginario tan irreal como el mío, con un fanatismo por subrayar la propia identidad. Mi Patagonia tiene una impronta muy literaria".

También, la Patagonia de Mempo Giardinelli comenzó como un sueño, "un viaje a Ushuaia para comenzar a ver esa Argentina que me costaba imaginar".

Mempo habla de la impresión que le causó la lectura de "Los dueños de la tierra", de David Viñas, el impacto que tuvo con "La Patagonia rebelde" y otros libros que leyó de adulto como "Memorias de carrero patagónico, menciona el chaqueño y agrega otro texto de su amigo Luis Sepúlveda: "Patagonia Express".

Recordando lecturas, nombra "Viento nocturno" de Saint Exupery y otro escrito con un amigo ("Final de novela en Patagonia") acerca de un viaje que ambos hicieron en un viejo ford fiesta por la región. "No es un libro cordial, me encontré con la Patagonia postmenemista", define el escritor.

Fuente: Telam.com
Cultura
13 de Octubre
Patagonia en la Feria de Frankfurt

07 octubre, 2011

Osvaldo Bayer criticó al Premio Nobel. Lo que dijo Vargas Llosa “fue más de lo mismo”

“¿Qué hizo el liberalismo que ha gobernado siempre?”, preguntó al cuestionar la ideología que el escritor peruano exhibió en la Feria del Libro.

El escritor y periodista Osvaldo Bayer criticó al Premio Nobel Mario Vargas Llosa, respaldó al director de la Biblioteca Nacional Horacio González y cuestionó la intervención que realizó la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Bayer aclaró por Radio Provincia que el pensamiento de Vargas Llosa, “no tiene nada que ver con su calidad literaria, que realmente es muy buena”, y subrayó que el escritor “tiene la libertad de decir lo que quiere”. Recordó que en este debate por la participación del escritor peruano en la inauguración de la Feria del Libro, “yo salí a defender a Horacio González que no pidió de ninguna manera que se lo censurara, como dicen Clarín y Nación. Lo que pidió –agregó- es que, como ocurre en todo el mundo, el acto inaugural de la Feria del Libro estuviera a cargo de un representante de la cultura argentina”. Osvaldo Bayer también precisó que no estuvo de acuerdo con “la intervención de la Presidenta de pedirle a González que retirara sus dichos porque realmente los escritores tenemos, al igual que Vargas Llosa, la libertad de decir lo que queremos”.

Subrayó que “lo que se quiso decir es que si habla que hable en otro acto, que le dan la mejor sala de la feria del Libro, que se alquile el Colón que tiene plata para eso o que hable en Boca Juniors porque nadie le quiere quitar la palabra… Escucharlo es mejor porque así se define más”.

En cuanto al discurso brindado ayer por Vargas Llosa, Bayer dijo que “fue más o menos lo mismo, dicho con mucha diplomacia” y, en contra de lo que dijo el Nobel de Literatura, elogió el “momento sorprendente” que está viviendo América Latina.

“Yo le preguntaría a Vargas Llosa qué hizo el liberalismo que ha gobernado siempre, qué ha hecho Inglaterra y EE.UU. con su liberalismo con las guerras agresivas que han llevado a cabo”, expresó en diálogo exclusivo con nuestra emisora.

Por último, enfatizó que Vargas Llosa “al principio él era un hombre de izquierda, después le empezó a ir muy muy bien, empezó a tener dinero y ahora se convirtió en liberal”. Agregó que “está todo dicho en su vida: se fue a España a vivir mientras otros tuvieron que irse al exilio y volvieron a sus países y siguen luchando desde la base”. (RADIO PROVINCIA)

Publicado en Nacionales, Opinión. Etiquetado con Bayer. Por ahorainfo.com.ar – 22 abril 2011

26 septiembre, 2011

Sobre Hannah Arendt y Rosa Luxemburgo. La banalidad del amor. Osvaldo Bayer


Sí. Tal cual. En vez de La banalidad de la Maldad, como subtituló la ensayista judía Hanna Arendt su libro sobre Eichmann, se ha estrenado una obra teatral en Alemania que lleva por título La banalidad del amor. Y justo se refiere a la relación entre la misma Hanna Arendt con el filósofo alemán Martín Heidegger, quien en 1933 se afilió al partido nazi. Una relación que nadie –la mayoría– ha podido entender todavía. La autora de la obra de teatro también es judía, se llama Savyon Liebrecht y trata de interpretar en la obra de ficción esa relación entre dos personas tan distintas en sus ideologías. La obra se ha estrenado con un gran éxito de público. No es para menos.

Antes de morir, Hannah Arendt declaró: "Me siento elevada hasta hoy por Heidegger como ser pensante y como mujer". Sí, una escritora que describió como pocos la miseria absoluta de pensamiento del nazismo.

El comienzo de esa relación fue la del profesor con la alumna. Heidegger era ya, a los 35 años, en 1924, un profesor de filosofía cuyos libros habían comenzado a trascender en todo el mundo. Ella, de 17 años, era su alumna. Profesor y alumna pasaron muchas horas muy enamorados en una cabaña no muy lejana de la casa de Heidegger, quien era casado con dos hijos. La relación amorosa fue muy intensa entre 1924 y 1926, hasta que después ella se fue a estudiar a otra universidad. En 1929 Hanna se casó con el escritor Günther Anders. En 1933 ella comienza a hacer una labor muy intensa en defensa de los judíos alemanes y Heidegger se afilia al partido nazi y es elegido rector de la Universidad Albert-Ludwig.

18 septiembre, 2011

¿Una nueva época argentina? Osvaldo Bayer

La última semana de estadía en Europa me sirvió para el pesimismo. Otra vez la crisis anunciada. ¿Hasta cuándo? ¿Cómo el ser humano no ha aprendido a administrar todo esto que se llama naturaleza y así eliminar la violencia, las penas, las carencias, la búsqueda por sobre todo del poder que casi siempre, o siempre, significa la muerte? Vemos la España de hoy, vemos Portugal, Grecia ni que hablar, la Italia de Berlusconi... aquí sólo caben la ironía, o la profunda tristeza y decirnos... el ser humano no aprende nada. Lo de Noruega ha dejado a todos mudos. Sólo queda mirar al costado o hacer un congreso de economistas, de políticos, pero sobre todo de psicólogos. Europa no aprende, pese a su historia. Por ejemplo, hoy, gracias a la caída del Muro, las mujeres polacas pueden ser sirvientas en Alemania. Sí, parece una frase calcada de Dostoievski. O de Kafka.

Europa... y sus esperanzas en el Mercado Común Europeo, con el euro como moneda. ¿Por qué ahora esto? En España, la juventud no tiene trabajo, el porcentaje más alto de su historia de jóvenes desocupados. Gran Bretaña, sí, la del imperio. Meta bala. ¿La solución? Más policía adiestrada. Conocemos esas soluciones. Gran Bretaña. Cameron, sus gritos en la Cámara de los Comunes, ya tiene sus muertos para la historia.

En Alemania, la preocupación es el euro. Ahí puede venirse todo al suelo, aquel sueño de la Europa sin fronteras. Con aquella historia aparentemente superada de guerras mundiales, con millones de muertos y ciudades arrasadas. Sí, una Europa sin fronteras. Pero al parecer no se entienden ni con gestos. ¿Obama protagonizará una nueva versión de El fugitivo? ¿O pasará a la historia nada más que como un “negro” que quiso pasar a la historia estadounidense como un blanco más? De las esperanzas a las pequeñeces ya conocidas. Los “republicanos” dicen sobre él: “Vaya un nombre más inicuo”. Y sonríen. “Ya lo sabíamos... ¿qué se puede esperar de un...?” Dejémoslo ahí. Se lo enlata y ya está.

Subrayo los últimos diarios alemanes antes de partir. Sí, los democristianos-liberales se derrumban en caída libre. El próximo gobierno será socialdemócrata-verde, o más bien verde-socialdemócrata. Según la figura que pongan al frente. Dejo el Viejo Continente más viejo que nunca. Todo es duda. Todo es incierto.

Llego a la Argentina de las elecciones. Hay tranquilidad en las calles. Sí, no ha habido violencia. Por lo menos eso ya es muy positivo. Aceptación de todos por los resultados. Autocríticas. Alegrías. Eso es positivo. Prepararse para la final de octubre. Bien, parece que estamos aprendiendo a vivir en democracia. Me paro en la misma esquina de Monroe y Arcos, donde cuando niño, adolescente, grande y ya mayor vi pasar las tropas, con sus generales a caballo, hacia la Plaza de Mayo. Ahora esto, la confianza en las urnas. No está mal como primer paso a la verdadera democracia. Que sólo se logrará con verdaderas medidas sociales.

Sueño con que el nuevo gobierno va a volver a organizar y apoyar las asambleas barriales. Un milagro libertario que experimentamos en la primera década de este siglo y que luego dejamos morir por falta de acción e inspiración. Luego, dar el primer paso hacia la verdadera democracia, que es la que busca la igualdad en libertad: la eliminación para siempre de las villas miseria y que cada hogar, que cada niño, tenga un pan sobre la mesa y un techo digno. Que una de las obligaciones fundamentales del nuevo gobierno sea promover las cooperativas de trabajadores. También esto con la tierra a los hombres de la tierra, y no de los banqueros que bajan el dedo y se les otorgan dos millones de hectáreas. Ciudades limpias con plazas bien verdes y con flores constantes, como las que tenía Buenos Aires antes: cuando yo era un niño, todas las tardes corríamos entre esos verdaderos jardines comunitarios. No como hoy, con las plazas porteñas con alambrados y que no son otra cosa que potreros de polvos y pozos. Y que por fin se descentralice Buenos Aires, que se lleve la Capital al interior, porque esto ya no es una ciudad, es una jaula de motores, de ruidos, de esperas interminables y de niños que ya no pueden jugar sino sólo estar estáticos ante la pantalla boba.

Sí, que se promueva a fondo la verdadera democracia y el compartir sus bienes. Sería muy bueno que se adoptara como lema “Libertad y Bien común”.

Sueño con escuchar música de Bach en atardeceres porteños silenciosos o tal vez la del propio Atahualpa Yupanqui, que sigue teniendo el olor de nuestro paisaje todo.

Y para eso, el respeto de las palabras de las organizaciones de base. Comenzar, por ejemplo, con limitar a cuatro años todos los mandatos de los dirigentes sindicales. Sin reelección posible. Demostrar que no hay nadie imprescindible y que todos tienen derecho de llevar a cabo las resoluciones de las bases. Para terminar con burocracias y magnates del poder.

Para lo cual, para intentar acabar para siempre con niños con hambre, gente sin techo, manos rudas sin trabajo, para llegar a ese producto final que sería la verdadera democracia, dar mucho más categoría a las escuelas, a los docentes. Y a la convocatoria de la voz popular para escucharla: congresos formativos, asambleas de base, reconocer a los verdaderos héroes del pueblo. Para ello, fundamental, la información. Seguir el debate sobre los medios para que por fin muestren el verdadero rostro de la sociedad y toda la información se fundamente en la ética. En el derecho de todos. Los medios con la voz del pueblo. De los que hacen la sociedad y no de monstruos que se tragan todo.

Parece todo esto –el sueño, las ilusiones– el resumen paradisíaco del pensamiento de los grandes propulsores de la paz eterna, escritos durante siglos y siempre olvidados en los depósitos de puertos a los cuales ya no llega ningún barco.

Intentarlo pasaría a nuestra historia como un bello capítulo. Como si estuviéramos leyendo aquellos escritos del joven Mariano Moreno, del idealista Juan José Castelli y del apasionado por la igualdad que fue aquel increíble Bernardo de Monteagudo, cuyo retrato tendría que estar en todos nuestros colegios.

Empecemos una nueva época. Poniendo el rostro y la palabra. La palabra como arma única contra el egoísmo.

Fuente: Página12-Agosto2011

10 septiembre, 2011

Los Martínez de Hoz al ataque. Osvaldo Bayer


No me puedo quejar. Hay que tener suerte. Los Martínez de Hoz me han iniciado juicio. Eso no le pasa a cualquiera. Ahora sí que me siento un elegido por el destino.

Es por el film Awka Liwen donde se analiza la Campaña del Desierto de Roca y mencionamos al fundador de la Sociedad Rural que fue, por supuesto, un Martínez de Hoz. El juicio alcanza también al codirector del film, Mariano Aiello y al historiador Felipe Pigna. Los que inician el juicio son los dos nietos de José Alfredo Martínez de Hoz, el conocido ministro de Economía de la dictadura de la desaparición de personas. A nosotros nos defenderá el conocido abogado de derechos humanos Beinusz Szmukler.

“¡Qué extraño!”, me digo, los tataranietos se sienten injuriados por lo que se sostiene del retatarabuelo y no por lo que hizo el abuelo, el mejor amanuense de la última dictadura más feroz de nuestra historia. La acusación contra nosotros es por “injuriar” al fundador de la Sociedad Rural. Lo escrito en esa acusación provoca hasta conmiseración en el lector, cuánto sentimiento cuando se habla de los hechos de un antepasado de hace ciento cincuenta años. Y nace una especie de sonrisa irónica cuando el lector piensa: ¿por qué tanto sentimiento por un lejísimo antepasado y no dolor y vergüenza por un abuelo que dominó en una brutal dictadura la economía mientras a su lado se torturaba, se desaparecía, se arrojaba vivos a prisioneros al mar desde aviones? Personaje que sigue teniendo juicios en la actualidad por acciones deshonestas, entre ellas la de Papel Prensa.

08 septiembre, 2011

Día Internacional de la Alfabetización


La Organización de las Naciones Unidas, ONU, celebra hoy 8 de septiembre el Día Internacional de la Alfabetización con muchos avances, “ya que el número de persona alfabetizados a nivel mundial ha llegado a cerca de cuatro billones”, señala un comunicado de la organización.

Sin embargo, la ONU señala que la alfabetización para todos, niños, jóvenes y adultos, es todavía una meta lejana.

“El continuo aplazamiento de esta meta es resultado de una combinación de factores, como el trazado de metas demasiado ambiciosas, los esfuerzos insuficientes o descoordinados, y la subestimación de la magnitud y complejidad de la tarea”, enfatizan.

Según la ONU, una de las experiencias aprendidas en las últimas décadas, es que para lograr la alfabetización universal no solo se requiere de mayores y mejores esfuerzos, sino de voluntad política para pensar y hacer las cosas de manera diferente a todos los niveles: local, nacional e internacional.

Fuente: El Nuevo Diario

31 agosto, 2011

El fin del pacifismo. Osvaldo Bayer

La Haine
¿Violencia, sí o no? (Una discusión necesaria) se titula un pequeño compendio del filosofo alemán Günther Anders que ha convocado a una polémica filosofico-cultural inesperada en una intelectualidad centro-europea resignada que recuerda el 68 como algo que no podrá volver, que no quiere mirar hacia atrás a la violencia desesperada de los años 70 de la Baader-Meinhof, que se ha cansado de hacer toda clase de acciones pacifistas contra el Estado Atómico y contra la sociedad antiecológica del consumo y el despilfarro. ¿Y por qué esa polémica ahora? Porque Günther Anders, el pensador pacifista por excelencia, el moralista, ha escrito a los 85 años, con sus dedos que apenas puede mover por la artritis: "La única salida es la violencia". .
Nacido en 1902, fue soldado en la Primera Guerra Mundial a los 16 años; alumno de Husserl y Heidegger, ya en 1928 es uno de los más audaces denunciadores del hitlerismo como producto del capitalismo alemán, y en 1933 debe marchar al exilio con su mujer, la filósofa Hannah Arendt (la autora de La banalidad del mal, Poder y violencia, Eichman en Jerusalén). En Estados Unidos trabajará como obrero en fábricas y allí experimentará el significado de la dependencia del hombre a la técnica. En 1950 regresa a Alemania donde seis años después publicará su obra fundamental: Lo anticuado del ser humano. Visita Auschwitz y dirá: "Si se me pregunta en qué día me avergoncé absolutamente, responderé: en esta tarde de verano cuando en Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, de zapatos, de dentaduras postizas, de manojos de cabellos humanos, de maletas sin dueño. Porque allí tendrían que haber estado también mis anteojos, mis dientes, mis zapatos, mi maleta. Y me sentí -ya que no había sido un preso en Auschwitz porque me había salvado por casualidad- sí, me sentí un desertor"..

12 agosto, 2011

Entrevista al historiador Osvaldo Bayer


“Me hubiera gustado ser un anarquista como Severino Di Giovanni, pero no tengo ninguna capacidad”
La puerta de “El tugurio” se abre despacio con un chirriar estremecido y leve. En cámara lenta asoman los traviesos ojos de Osvaldo Bayer, rodeados por unas cejas alborotadas, siempre alertas para continuar dando batalla, y su cara enmarcada por el pelo y la barba blancos como el algodón. Cuando invita a pasar por el estrecho pasillo de esa casa del barrio de Belgrano, cada vez más angosto por el exceso de libros y carpetas que acumula el escritor, el precario equilibrio de esas pilas parece a punto de desmoronarse. “Sería una muerte soñada, moriría sepultado por los libros”, bromea Osvaldo mientras se dirige a la cocina en busca de su ineludible botella de Campari. Al verlo caminar a los 82 años, con una agilidad que esquiva con elegancia cualquier síntoma de vejez, es imposible no recordar lo que ha dicho Osvaldo Soriano: “Bayer es un hueso duro de roer. Sin él sería más fácil olvidar”. Nadie como él para desenmascarar a los asesinos, a los verdugos que han actuado desde el poder. Sólo este viejo pícaro y entrañable ha reivindicado, con una pasión que sigue intacta, a los humillados y ofendidos, a quienes en todas las épocas pusieron el cuerpo en las calles y fueron masacrados, tratados como delincuentes, torturados, robados y tirados en fosas comunes. Nadie como él desnudó la saña practicada especialmente contra los anarquistas, las mentiras y demonizaciones que se construyeron desde los medios de comunicación. Página/12 publicará a partir de mañana sus Obras completas, once libros que se podrán adquirir cada dos semanas, siempre los domingos, hasta noviembre (ver recuadro).

23 julio, 2011

Osvaldo Bayer y la lucha por los derechos humanos


"Las Madres fueron como una luz en el cielo negro"

El escritor y periodista es el eje de Ventana a la Plaza de Mayo. Las Madres y Osvaldo Bayer, el libro en el que se reproducen sus columnas para el periódico de la agrupación. Los trabajos de Bayer para el periódico abarcan dos etapas: 1984-1993 y 2003 hasta hoy.

Por Oscar Ranzani
El 18 de junio de 1976 Osvaldo Bayer se exilió en Alemania. Unas horas antes, recibió un mensaje amenazante del brigadier Santuccione en el aeropuerto de Ezeiza: "Usted jamás va a volver a pisar el suelo de la Patria", le dijo. Por suerte o mejor dicho, por justicia del destino, se equivocó: Bayer regresó al país el 22 de octubre de 1983, días antes de las elecciones presidenciales. Fue en el exilio que se enteró de "que habían salido unas mujeres a Plaza de Mayo, que eran madres de desaparecidos y ahí vi como una especie de luz en el cielo negro", recuerda. En Alemania conoció a las Madres que visitaron ese país en el marco de su lucha por la defensa de los derechos humanos y trabó con ellas una amistad indestructible. Bayer recuerda que las Madres eligieron como residencia su humilde departamento de Berlín antes que un lujoso hotel. "Yo les cocinaba pollo al horno con papas", recuerda, antes de comentar que, una vez que regresó a la Argentina, comenzó a colaborar en el Periódico Madres de Plaza de Mayo, a través de una columna bautizada "Ventana a la Plaza de Mayo", donde tomaba posición con respecto a "la política de derechos humanos de Alfonsín". Bayer sostiene que fue uno de los tantos "que luchó por los presos políticos que mantuvo Alfonsín y que nadie recuerda este episodio. Una cobardía, una falta de coraje civil tremendo", fustiga. "El mantuvo presos a los detenidos de la dictadura que habían permanecido en cárceles y que habían sido condenados por la ‘Justicia’ de la dictadura". El columnista de Página/12 destaca que luchó junto a las Madres por la libertad y que, incluso en una oportunidad, la actriz Liv Ullmann los acompañó en una visita a los presos políticos.

09 julio, 2011

Los que luchan. Osvaldo Bayer

La gran sorpresa. A los 83 años me tocan el timbre de “El Tugurio”, el querido sucucho donde vivo y donde hay sólo libros. Son jóvenes que me miran y sin rodeos me ofrecen participar de las próximas elecciones en nuestra organización de trabajadores de prensa. No puedo creerlo. Repaso mi memoria: hace justo medio siglo que fui secretario general del Sindicato de Prensa, como se llamaba antes nuestra entidad. Y les respondo: hay que darle paso a la juventud. Pero no. Analía García me insiste: es verdad, me dice, queremos que encabeces nuestra lista.
Me miro al espejo: tal vez tenga que teñirme el pelo y cortarme la barba, me digo. Pero comienzo a recordar a los amigos que lo dieron todo por un poco más de dignidad en la información del pueblo y en la organización de los que se comunican con la sociedad. Se me aparece en el espejo aquel joven Emilio Jáuregui, asesinado en la calle por los sicarios pagos de siempre. ¡Cuántas ganas de dignificar la vida, el trabajo, lograr una verdadera democracia. Y ahí está sentado en el sillón de siempre de mi vieja biblioteca el mejor amigo de aquella época de luchas y sueños, Rodolfo Walsh, quien me viene a explicar porqué hay que construir las bases de la CGT de los Argentinos, Rodolfo, el mejor. El de los sueños y el coraje. El periodista por excelencia, el que informa, no el que desinforma.

Me miro al espejo y se me aparece de nuevo Emilio Jáuregui, sonriente como la última vez. Y me explica lo que debe ser periodismo y democracia. Un pibe, y ya en eso, increíble. Y Rodolfo Walsh me lleva a una villa y me pregunta: ¿informaste alguna vez de esto? Ante mi silencio, me dice casi a los gritos: ¿y qué estamos esperando?

Emilio Jáuregui, Rodolfo Walsh, me digo, tendrían que estar sus retratos en todas las redacciones argentinas. Querían que se informara sobre la verdad de nuestra sociedad, nada más que la verdad. Eso es todo lo que soñaban. Los mataron a balazos. Nuestra sociedad. La Argentina: “Ved en trono a la noble Igualdad. Libertad, Libertad, Libertad”.

No puedo negarme. Es un privilegio que gente joven lo tome del brazo a un viejo de bastón y lo ponga adelante. Sí, los voy a acompañar y les voy a hablar de mi experiencia, de los errores que cometimos, del paso lento pero firme que hay que tener para salir adelante y no repetir derrotas. Para que la información ayude a terminar con una sociedad violenta como la nuestra. Para informar y movilizar y terminar con nuestro grandes problemas: acabar para siempre con ese ominosa cifra del tres y medio por ciento de nuestros niños con hambre, ser capaces de dar un techo digno a todas las familias y acabar con las villas, y lograr una sociedad que tenga trabajo para todos. Esa debe ser la información. Llevar a primera página los problemas sociales y cómo resolverlos. El debate. Difundir ideas. El no a la corrupción, el no al poder omnímodo y la figuración. Avanzar con la opinión de todos ante las verdades demostradas.Rodolfo Walsh y Emilio Jáuregui me sonríen y me dicen: eso.
Vuelvo y a los jóvenes que han venido a ofrecerme a participar de su lista, les digo: acepto. Estaré con ustedes, con bastón, pastillas contra la tos y me teñiré las canas. Pero con toda la experiencia y el recuerdo del ejemplo de los que cayeron por una sociedad más justa.

Volveré a ser joven.

20-09-2010

30 junio, 2011

Matar la poesía. Osvaldo Bayer

Al salir de Europa algún fantasma nos espía. Es la sensación de la guerra. Todos estamos seguros de ella y sin embargo la esperanza trata de ahogar completamente al miedo. En el aeropuerto de Francfort encuentro el libro Dime que me amas, las cartas de amor de Marlene Dietrich y Erich Maria Remarque. No puede ser, me digo, no puede ser, me doy cuenta que no voy a dormir en el viaje. Que voy a estar despierto lleno de melancolías y esperanzas. Los dos más grandes pacifistas de mi niñez; ella, desafiando a todos los nazis. El, el autor del libro antibélico por excelencia, Sin novedad en el frente. La historia de un estudiante enviado al frente. Donde es testigo de todo lo horrible, de la ferocidad y la estupidez de lo militar. Ese estudiante morirá en los últimos días de la guerra. El autor escribirá sencillamente: "Cayó muerto en octubre de 1918, en un día en que el frente se mostraba tranquilo y sin movimiento. Tanto es así que el comunicado oficial del comando del ejército sólo decía: ‘Sin novedad en el frente’". Las lágrimas de niño. El sollozar con voz ronca de pura impotencia, dolor, rabia.
Los dos enamorados hicieron sólo dos cosas maravillosas en su vida: el escritor, ese libro Sin novedad en el frente, a quien Hitler lo denominó el peor de los escritos en alemán y lo hizo quemar en plaza pública, mientras Erich Maria Remarque, el tímido, debió exiliarse en el exterior. Y Marlene Dietrich fue protagonista de esa película inolvidable para todos, El ángel azul. Se supo que Hitler la denominó su actriz preferida y sin embargo ella se quedó en Estados Unidos, aun sabiendo que ahí se acababa su vocación de berlinesa bien rea. Los dos, el escritor talentoso y tímido y Marlene, la amada por todos, se encontraron en Europa, se amaron hasta el delirio, se enviaron cartas que hoy siempre siguen siendo verdaderos poemas. Ella firmaba sus cartas con el seudónimo "El puma". Y él la denominaba siempre así, "mi puma". En las noches del encuentro, el puma se devoraba por entero al tímido y sensible escritor. Mientras duró la amistad celestial entre los dos, el puma tuvo nueve amantes, todos actores y actrices de primera línea. Pero él, cuando se encontraba con ella en los lugares más inverosímiles, recibía ojos de poeta enamorado y moría devorado. Todo lo que escribió después Erich Maria Remarque no puede ni compararse con la épica de Sin novedad en el frente. Todo lo que filmó Marlene Dietrich en Estados Unidos sirvió sólo para ser olvidado. Salvo sus canciones. Cuando cantaba en reo berlinés, los espectadores hombres dejaban de hablar con sus mujeres y se divorciaban. A los dos seres del arte siempre los unía la paz entre los pueblos y el antirracismo. Leer Sin novedad en el frente y escuchar a Marlene en "Dime dónde están las flores", a todo ser sensible lo conmueve y lo mueve a creer en la paz y el abrazo entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Hoy, con la guerra de Bush y la cobardía de los bufones gratuitos cuentan más que nunca los versos de la canción de Marlene cuando al final de la última guerra cantaba con una tristeza llena de enorme melancolía y sed de justicia a los jóvenes que marcharon a la guerra y fueron despedidos con flores por emocionadas muchachas: Dime dónde están las flores
Dónde finalmente quedaron,
Dime dónde están las flores
Dime lo que sucedió
Dime dónde están las flores
que las jóvenes cortaron tan rápido
¿Cuándo podremos comprenderlo?
Cuándo podremos comprenderlo

Dime dónde quedaron las jóvenes
Sí, dónde quedaron
Dime dónde están las jóvenes
¿Qué es lo que sucedió?

Dime dónde están las flores
Los hombres las recogieron rápido.
¿Cuándo lo podremos comprender?
¿Cuándo lo podremos comprender?

Dime, ¿dónde están los hombres?
¿Por qué no regresaron?
¿Dime qué es lo que sucedió?
¿Dime qué es lo que pasó?

Dime dónde están los hombres
Que partieron cuando comenzó la guerra
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde están los soldados
Dime lo que les sucedió
Dime dónde quedaron
Dime dónde quedaron.

Dime dónde han quedado
Dónde el viento sopla en sus tumbas
¿Cuándo podremos comprenderlo?
¿Cuándo podremos comprenderlo?

Dime dónde están las tumbas
Dime dónde quedaron
Dime lo que sucedió
Dime lo que les sucedió

Dime qué pasa en verano
Cuando la brisa mece las flores
¿Cuándo podremos comprender?
¿Cuándo podremos comprender?

La voz se pierde, como un poema que no tiene fin. Ya marchan nuevos soldados. Ojalá que a ellos no les cante nadie. Ni haya mujeres jóvenes que les entreguen flores. Ellos van a matar. A matar las flores, la vida. ¿Dime, cuándo podremos comprender? ¿Por qué el hombre mata, quiere matar, le pagan por matar y sigue matando? Dime, ¿cuándo podremos comprender?

19 junio, 2011

Osvaldo Bayer: "Cortázar debió hacer lo de Borges, quedarse acá"

Hace un año tomaba la posta que los chinos le pasaron a la Argentina en Frankfurt, como invitado de honor. Y despachó con un discurso a lo Bayer. Aquí cuenta dos viejas anécdotas de la Feria alemana y hace un repaso por sus autores argentinos preferidos.


Osvaldo Bayer abre la puerta, nos hace pasar y enseguida nos da a elegir el lugar de la entrevista para el Especial Multimedia de Ñ. Vamos a su jardín de invierno, animado casi con tantos libros y papeles como plantas. Por el tugurio, su casa, merodea un nieto alemán, país en el que Bayer vive la mitad de sus días. Está aprendiendo el español, pero le falta. Hablamos, sin cassette, sobre su candidatura en la lista de consenso que se armó para pelear la UTBA, sobre su disposición absoluta para hacer causa con lo que considera necesario. Y justo. Pero la primera pregunta la traemos dictada, endosada por el Daniel Divinsky.

Venimos de ver a Divinsky y él nos ha pedido que sea usted quien nos cuente la anécdota de un viejo encuentro en Frankfurt.¿Podrá ser?

La anécdota es un poco triste y podría haber sido trágica. En el '73 salí en las listas de las tres A, por la película La Patagonia rebelde, en épocas de Isabel Perón. Se me dieron 24 horas, como decía el comunicado, para dejar el país sino estaba condenado a muerte. Pero me negué. Esto fue en octubre del'74. Me quedé hasta febrero del '75 pero uno no podía hacer absolutamente nada, así que preferí irme a Alemania, a trabajar por lo menos allá en mis libros. Y un año después, en febrero del '76 resulta que Isabel había llamado a elecciones, entonces me dije: si hay elecciones, va a haber más libertades. Entonces volví Para qué. Cuatro semanas después llegó la dictadura militar de Videla y ya era imposible salir.
Y un día a la tarde me encontré casualmente con un periodista de Clarín y me dice: "¡Osvaldo, te ando buscando! Quiere hablar con vos el capitán Gallo". Era un militar retirado que había sido jefe de noticias del diario Clarín cuando yo era secretario de redacción. Dice: "tiene que avisarte de algo. Llamame por teléfono mañana y arreglamos. Yo hago un pucherito de gallina en casa y los invito a los dos". El capitán siempre había sido un hombre de los servicios de información y yo sospechaba. Bueno, voy a la casa de este periodista y allí estaba. Y me dice: "Mire, Bayer, yo tengo que avisarle algo: no se quede un día más, a usted lo andan buscando. Y como yo trabajé con usted y lo aprecio mucho, le aviso. Pero váyase. En cambio, hay otros, como éste --y me muestra un libro de la editorial de Divinsky-- Daniel Divinsky, es un libro comunista y se cree que nosotros somos tontos. Él publica los libros creyendo que nosotros no los leemos, pero es un libro comunista este". Y me mostró el libro. No era un libro comunista sino más bien unos relatos donde unos tienen que ayudar a los otros y todas esas cosas. Bueno, todo puede tomarse como comunista. Dice: "Y se cree este señor Divinsky que somos tontos, pero ya va a ver. Y a usted Bayer le aviso porque se portó siempre muy bien conmigo y no hubo ninguna diferenciación cuando fue jefe mío". Bueno, está bien--le digo. Adiós, adiós. Era jefe de los servicios en la provincia de Buenos Aires él, yo no sabía eso.
Bueno, me saca la Embajada alemana como refugiado, llego a la ciudad del Essen donde viví los primeros años y, cuando se hace la Feria del Libro de Frankfurt, ¿a quién me encuentro? A Divinsky. Y le digo: "Daniel, te tengo que avisar algo". Dice: "¿Qué pasa?". Y le relato el hecho: "... y el capitán cree que vos los estás engañando, que estás publicando libros comunistas. "¡Pero si no es comunista!", me dice sonriendo Daniel. "Están locos". Mirá, pero él está muy cabrero: cuidate. Y se sonrió y hablamos de otra cosa.
Vuelve a Buenos Aires él con su señora y los meten presos. Estuvo un año en Devoto y la mujer en una cárcel de mujeres; al año lo sueltan, menos mal. Para ser breve: en una reunión de escritores que nos invitaron a Venezuela, me encuentro con Divinsky. "¿Viste?", le digo. "Pero yo no te puedo perdonar, Osvaldo. Vos tendrías que haberme insistido, haberme agarrado y decime '¡no vuelvas a Buenos Aires!'". Ah, ahora el culpable soy yo, pero si vos te reíste de mí. Bueno, menos mal que no le fue peor. Pero lo que debe haber sufrido.

14 junio, 2011

Redefinir la palabra "progreso". Osvaldo Bayer

Es increíble cómo se silencia la vida de las pequeñas ciudades, de los pueblos, aquello que tiene un verdadero valor para la ética de la vida, para la belleza local, para la verdadera historia comarcal que, por su ejemplo, a pesar de ese silencio, siempre trascienden. Los medios, en su gran mayoría, dedican sus páginas a la crisis económica, a las internas políticas, a los cambios de entrenadores de fútbol y, ahora, si Riquelme o Caranta.

Para demostrar que existen cielos, que se habla del paisaje, que hay interés por la historia o que hay pocos pero existen que se ponen tristes o se desesperan por las estadísticas del hambre de nuestros niños nos meteremos en el corazón de la tierra.

Hoy hablaremos de un lugar bonaerense pura pampa. Lo que ocurrió podría pintarse en un cuadro con rostros de adolescentes riendo, aplaudiendo, entusiasmados. Es que lo que ocurrió en Rojas no ocurrió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. ¿Autónoma de quién? Sí, vamos a decirlo en una sola línea: el Concejo Deliberante de Rojas aprobó por mayoría un proyecto por el cual se cambia el nombre de la calle Roca por el de Pueblos Originarios. Pero aquí viene lo sorprendente: al proyecto lo presentaron alumnos del colegio secundario de la ciudad. De la ciudad. Y los representantes municipales lo aprobaron por amplia mayoría. Con una conciencia y claridad que pueden notarse en las intervenciones de esos concejales. El anteproyecto fue elaborado por los alumnos y discutido con la ayuda de los profesores Liliana Barzaghi, Javier Membriani y Andrea Tamasi sobre la base del proyecto Identidad Latinoamericana que se propone “asumir la identidad de los medios de simbolización a través de los mecanismos democráticos de participación”.

31 mayo, 2011

Entrevista con el escritor y periodista argentino Osvaldo Bayer sobre las bases históricas de la literatura, los escritores jóvenes, el Bicentenario y la importancia de la Feria del Libro de Fráncfort para Argentina

¿Qué hechos de las últimas décadas han marcado más a la sociedad argentina? ¿Han sido retomados y procesados como temas en la literatura? Los dos hechos históricos de las últimas décadas que han marcado a la sociedad argentina son, sin duda, el “peronismo” y el método de la desaparición de personas de la última dictadura militar. Los dos temas han llenado nuestras bibliotecas y las mentes de nuestros intelectuales, tanto historiadores, como sociólogos y literatos. Interpretaciones históricas, sociológicas y literarias se suceden mes a mes, tratando de explicar tal vez lo inexplicable. Inexplicable, por ejemplo, porque tratar de definir al peronismo es tarea muy difícil. Va del pensamiento de John William Cooke, marxista, a Carlos Saúl Menem, ultra liberal-conservador. Tal vez la mejor definición del peronismo la logró el novelista Osvaldo Soriano, en su libro “Cuarteles de Invierno”, cuando un periodista le pregunta al boxeador, protagonista del libro: “Dígame, usted ¿a qué partido político pertenece, qué ideología política tiene?”. Y el interrogado le responde: “no, yo no tengo ninguna ideología política ni pertenezco a ningún partido político, yo soy peronista”. En el otro aspecto, gran parte de nuestra literatura actual trata de los grandes escritores desaparecidos, es decir, asesinados por la dictadura militar. El otro tema es las prisiones y persecuciones sufridas por miles de personas, por sobre todo, jóvenes. Y, por supuesto, el tema del exilio. Serán estos también, sin lugar a dudas, temas claves para las próximas generaciones. La pregunta de fondo es: “¿qué nos pasó a los argentinos para llegar al extremo de tanta crueldad en las represiones militares?”. Recuerdo que la misma pregunta se hacían los alemanes en la posguerra. Yo fui estudiante universitario en esos años en Alemania, y era el tema fundamental: ¿qué pasó con nuestros padres que pudieron caer en un régimen así y aplaudir a un sistema tan criminal? ¿Hacia dónde va la literatura argentina de los autores jóvenes y qué la diferencia de los autores algo más veteranos? Por supuesto, cada generación tiene sus temas, sus dilemas, sus preguntas. Su clima diferente. Un entorno que cambia constantemente. El mundo modifica aceleradamente sus costumbres, sus modalidades. Las fronteras ya no influyen como antes; las culturas y sus experiencias, se mezclan. Y principalmente la relación hombre-mujer, en sus sentimientos, es diferente. Esas diferencias emocionales marcan un panorama distinto en la literatura, por ejemplo. La mujer, en busca de su independencia. Y no es ya la que espera que alguien toque a la puerta para cambiar su destino. Los tiempos se han acelerado, las libertades están llegando a su absoluto, salvo aquellas circunstancias que dependen del sometimiento a las jerarquías y a las del poder económico. Las diferencias entre autores veteranos y jóvenes en la Argentina son las mismas que en cualquier país del mundo. El clima actual de la sociedad es distinto al que vivieron los hoy adultos. Hasta el lenguaje ha cambiado. Los jóvenes escritores ya no usan el “lunfardo” ni los modismos argentinos del interior del país, sino que manejan expresiones un tanto “rockeras”, del inglés-americano, acomodadas al decir de los nuevos lenguajes de las ciudades. Mismo la gran emigración de argentinos a España ha devuelto al “idioma argentino” expresiones del idioma madre que ya por generaciones no se usaban más en esta parte de América. ¿Quién lee en la Argentina y qué? El argentino, en sí, lee mucho. A pesar de la televisión y los juegos de pantalla. Por supuesto se leen los llamados “best seller” que anuncian los diarios, y los premiados en los grandes concursos. Y en este año, el bicentenario del 25 de mayo de 1810, el día de la Libertad, así llamado, se está leyendo mucha historia. Los diarios traen, muy baratos, ediciones de clásicos de ese tema. ¿Qué influencia tienen los “nuevos medios” electrónicos en la literatura argentina? La misma que en Europa. Lo que he comprobado es que los niños leen mucho menos que cuando nosotros, los de mi generación, teníamos esa edad. Lo compruebo en las bibliotecas públicas. Cuando yo era niño concurría casi todos los días a la biblioteca pública de mi barrio y la la de lectura infatil estaba llena de chicos que leían cuentos infantiles. Hoy veo que apenas concurren uno o dos niños, los demás están jugando a los “video-games” instalados en comercios de la zona. ¿Qué papel desempeña Buenos Aires como capital de la literatura, para bien y para mal? Por supuesto, en Buenos Aires están las grandes editoriales y multitud de librerías. Pero en el interior del país nacen los grandes escritores. Tienen tiempo para contemplar, para hilar pensamientos. Para poder medir cuál es el verdadero progreso. He concurrido a muchos congresos de escritores del interior del país. Siempre reina una ambiente de humildad, de querer expresarse pero no por eso querer tener razón. Hay más tiempo para el diálogo. Se sale del salón del debate y se ven montañas o hay un río con su eterno transcurrir. Roberto ArltRoberto ArltEn Buenos Aires, el tiempo está molido por los motores, por las máquinas, por la prisa en llegar. Claro, se van pergeñando así dos clases de literaturas: una la del color, tal vez, de la esperanza. La otra, la del remordimiento, la de la ira, la de sentirse arrollado por el poder. Muchas personas con ciudadanía alemana emigraron a la Argentina antes (los perseguidos) y después de la II Guerra Mundial (los perseguidores), amén de la inmigración anterior. ¿Qué huellas culturales y literarias ha dejado la inmigración de Alemania en la Argentina?